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Nuestra espiritualidad se va forjando fundamentalmente a partir de la propia experiencia vivida en el mundo de la salud y la enfermedad, en el ejercicio de nuestra profesión sanitaria y en la reflexión personal y comunitaria a partir de
la Palabra
de Dios, de los textos del Vaticano II, de
la Christifideles Laici
y del documento “Cristianos en la vida pública”, entre otros. Estos son algunos de los rasgos o claves que la definen:
Hombres y mujeres de fe encarnada en la vida. El centro aglutinante de nuestra espiritualidad es vivir la fe en nuestra profesión sanitaria.
Seguidores y testigos de Jesús, cultivando sus actitudes en el ejercicio de la profesión, en especial: curar y cuidar de una manera desinteresada y amorosa a todos, mostrar una atención preferente a los más necesitados y desasistidos, vivir nuestra salud con nuestras limitaciones y carencias.
Abiertos al Espíritu, dispuestos a dejarnos conducir por Él y obrar según planes.
Somos y nos sentimos Iglesia y la comunidad es para nosotros un elemento clave para vivir la experiencia eclesial y la espiritualidad.
Nos sabemos llamados y enviados al mundo de la salud para transformarlo y evangelizarlo.
Asumimos nuestros compromisos, en comunión con
la Asociación
, contando con su apoyo y la fuerza del Espíritu, en consonancia con la exigencia, disponibilidad y capacidad personales de cada uno y las circunstancias y oportunidades de cada momento.
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